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1856 - 2006

ESTE AÑO CELEBRAMOS EL 150º ANIVERSARIO
DE LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN
DOMINICAS DE LA ANUNCIATA

 

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INAUGURACIÓN DEL 150º ANIVERSARIO

     

 Inauguración

 Actividades

 Manifiesto / oración

 Proyectos solidarios

 Historia de la Anunciata

 El Aniversario en la Prensa

 

 

 

Hna. Mª Jesús Carro

Madrid, 9 de diciembre de 2005

 

Este es un día grande para nosotras, las Hermanas Dominicas de la Anunciata, tenemos muchos motivos para vivir gozosas y agradecidas. Ya conocemos lo que hoy nos reúne: la apertura de la celebración del 150 aniversario de la Congregación. La alegría es mayor si se comparte, y hemos ensanchado nuestra tienda para que nos ayudéis a dar gracias a Dios porque la historia de la Congregación ha sido un recorrido de gracia y bendición. Sobre ella ha brillado de modo permanente el rostro del Señor y ha experimentado cómo se cumplía la promesa del Beato Francisco Coll que decía: En medio de los trabajos y de las pruebas, el recuerdo de que Dios es Padre cercano hace posible recorrer el camino, hacia una tierra que germina paz y fraternidad, en la que se disipan las tinieblas de la ignorancia con la luz de la sana doctrina.

 

Una mirada a la historia de la Congregación nos lleva en primer lugar a remontarnos a aquel dichoso 15 de agosto de 1856, cuando el hoy Beato Francisco Coll y Guitart concretizó la gracia recibida del Espíritu fundando la Congregación con un grupo de jóvenes deseosas de consagrar su vida a Dios y a la causa del Reino, desde comunidades fraternas dedicadas a la educación de las niñas como un acto de la más alta caridad. No voy a relatar ahora la Crónica de la Congregación –algo de eso nos va a exponer el Padre Vito–, pero sí quiero hacer memoria y recordar la audacia y el coraje que el P. Coll manifestó al ofrecer una nueva manera de ser y estar en la Iglesia, una nueva expresión de vida cristiana y religiosa de acuerdo al modelo de Jesús y de Domingo de Guzmán, capaz de entusiasmar, y una propuesta alternativa a los antivalores que presentaba la sociedad de aquel tiempo.

 

Comenzamos a celebrar 150 años que considero llenos de vida y de deseos de seguir dando vida. Desde el inicio de la Congregación hasta el momento presente no han faltado las contradicciones y los problemas. Hemos pasado por el crisol de la prueba en numerosas ocasiones, pruebas venidas del exterior y pruebas que surgieron en el interior de la propia Congregación. En este largo camino encontramos luces y sombras que se entrecruzan, es verdad, pero ambas forman parte de la memoria y de la historia que tenemos que celebrar. En el Evangelio, Jesús nos habla de la vid y los sarmientos y nos enseña que para dar mejor fruto es necesario podar los sarmientos a su debido tiempo. La poda es indispensable para que renazca la vida.

Creemos que este aniversario ha de tener el enfoque revitalizador y renovador que encierra el sentido bíblico de la expresión «año jubilar»: tiempo de gracia, de gozo, de regocijo, de júbilo, de deleite. Es tiempo propicio para recuperar lo perdido (Lev 25, 50); tiempo para cantar, alabando y dando gracias a Dios, porque es bueno, porque es eterno su amor. (Esd 3, 11); tiempo para servir a Dios con alegría y llegar ante él entre gritos de júbilo (S 100,2).

 

El año jubilar que celebramos es un tiempo muy apropiado para volver a las fuentes de nuestra vida cristiana y a la intuición fundacional del P. Coll, para encontrar su sentido y su lugar en el hoy y aquí de un mundo en el que existen muchas oscuridades, con una fe debilitada, carente de paz, de justicia, de solidaridad. Un mundo que necesita de una vida religiosa que viva auténticamente el seguimiento de Jesús, a quien nadie ni nada le era indiferente y mostraba su compromiso por la liberación del sufrimiento, del dolor, de la humillación. Nos sentimos impulsadas a seguir sus pasos, haciendo nuestras sus actitudes, amando a las personas insertas en su realidad concreta, involucrándonos en tareas a favor de la paz y la justicia, la reconciliación y la unidad, la comunión.

Miramos el futuro con esperanza. Del Padre Coll aprendimos a confiar en Dios que llevará a feliz término su obra. El fuego de amor, que el Espíritu infunde a su Iglesia nos ha de llevar a interrogarnos constantemente sobre las necesidades de la humanidad y sobre cómo responder a ellas, sabiendo que sólo quien reconoce y vive la primacía de Dios puede realmente responder a las auténticas necesidades del hombre y de la mujer de nuestro tiempo, ayudándoles a que vivan de acuerdo a su condición de ser imagen de Dios. Queremos hacer de este aniversario un medio renovador que nos lleve a encontrar el tesoro escondido, a mantener vivo el primer amor que dio y sigue dando sentido a nuestra consagración religiosa vivida en comunidad fraterna, a nuestras idas y venidas en la misión que se nos ha confiado; y queremos seguir apostando por compartir carisma y misión con los laicos.

 

Encomendamos a María, en su advocación de la Anunciación, la vida de esta Obra de Dios que es la Congregación, puesta desde el mismo momento de su nacimiento bajo su protección y cuidado. Nos siguen animando a mantener viva la esperanza las palabras del P. Coll: Sí, sí, es obra de Dios, sin poner la menor duda, y dada al mundo por los méritos de mi padre Santo Domingo. Sí, sí, no tengo duda alguna de que María ha puesto este santo Instituto bajo su sombra, protección y amparo, y no cesará hasta ser extendido y dilatado por toda la tierra.

 

A todos y todas las presentes os pedimos que nos ayudéis con vuestra oración a vivir con este sentido este año de gracia. Muchas gracias por estar hoy aquí, celebrando con nosotras. Vuestra presencia nos hace sentir más viva nuestra condición de ser Iglesia y parte de esta gran familia que al decir de Santa Catalina de Siena la nuestra es una familia ancha, llena de gozo y perfumada; toda ella en sí misma, un jardín de delicias. Así pues, declaro abierto el año jubilar de la Congregación, con motivo de los 150 años de su Fundación.


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