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HISTORIA DE LA CONGREGACIÓN RELIGIOSA

HERMANAS DOMINICAS DE LA ANUNCIATA

El Beato Francisco Coll, hombre de Dios inserto en la historia, supo descubrir las urgencias de su entorno y darles una respuesta desde la fe. En sus correrías apostólicas iba comprobando el abandono de la educación en la población rural y que una de las causas de la corrupción de costumbre era la ignorancia, especialmente de la doctrina cristiana. Por otra parte, en su ministerio sacerdotal había encontrado no pocas jóvenes deseosas de consagrarse a Dios y al servicio del prójimo y que la carencia de recursos económicos les impedía entrar en la vida religiosa.

Ante estas dos experiencias fue madurando la idea de fundar una congregación que abrazara los dos objetivos: abrir un camino de vida religiosa a estas jóvenes, y con ellas constituir comunidades dedicadas a la educación de las niñas con una clara finalidad apostólica en los ambientes más necesitados, sin excluir otros servicios asistenciales.

Así la Congregación en un principio se estableció en zonas rurales y fábricas de Cataluña y más tarde, en la cuenca minera de Asturias. Los comienzos de la congregación fueron difíciles. Encontró oposición por parte de los mismos eclesiásticos y del propio Obispo, pero el Padre Coll estaba convencido de que era obra de Dios y la fundación salió adelante. Comenzó en Vic (Barcelona) con siete postulantes el 15 de agosto de 1856. En febrero de 1857 se acrecentó considerablemente el grupo con la incorporación de unas jóvenes Servitas, dedicadas a la enseñanza y obras de caridad, pero que no habían hecho profesión religiosa; por entonces tenían ya cinco casas que pasaron a la Congregación naciente. El padre Coll al fundar quiso como raíz de su obra una filiación dominicana, considerando a la Congregación como "una rama del árbol de la Tercera Orden de Santo Domingo". La afiliación a la Orden quedó reconocida una vez más el 19 de agosto de 1884 con la licencia del Maestro general de la Orden José Mª Larroca para imprimir la regla de la tercera Orden para uso de las Religiosas y las Constituciones. La ratificó de modo solemne el nuevo maestro General Jacinto Cornier el 3 de junio de 1906. El gobierno español le dio el reconocimiento legal el 18 de octubre de 1900.

La idea del fundador desde el comienzo, fue que las Hermanas se dedicaran a los niños y jóvenes más necesitados. Por este motivo, las comunidades fueron dirigidas a los pueblos de la zona rural y como medio más común para que la enseñanza fuese gratuita obtener la escuela pública. Con empeño afrontó el P. Coll el problema de la preparación de las Hermanas. La revolución de septiembre de 1869 y consiguiente Constitución española de 1869 despejó a numerosas Hermanas de las plazas que habían obtenido. Ello motivó que se fuese dejando la escuela pública y se fundasen colegios privados, muchos de ellos al alero de las fábricas textiles de Cataluña y más tarde, en zonas mineras de Asturias y pueblos de Castilla y la Mancha. Al morir el fundador en 1875, a los diecinueve años de iniciada la obra, dejaba 50 casas y unas 300 Religiosas, todas en Cataluña, a pesar de que su deseo era que el Instituto se extendiese por el mundo entero. Y así fue.

En 1880 se fundaba la primera casa fuera de Cataluña (Albacete), en 1897 el primer colegio en Asturias (Sama de Langreo) y en 1908, la primera fuera de España (Argentina). En el año 1955 la Congregación inicia su acción misionera en Centroamérica, y más tarde en Perú y Chile. Con la renovación conciliar se intensifica el impulso misionero. Se quiere que las cuatro provincias de España tengan su proyección misionera y la Congregación se extiende a varios países de África, y por Brasil. A su vez, la Provincia de Sudamérica funda casas de misión en el norte argentino y Uruguay. Por último en 1987 la expansión llega a Oriente con una fundación en Filipinas.

Es su deseo de aportar el carisma a los lugares por donde la Congregación se extiende, al ir surgiendo vocaciones, funda casas de formación con planes adaptados a las distintas realidades. De las Congregaciones españolas de Dominicas, la Anunciata es la más numerosa y la primera que se fundó. En 1979 fue beatificado su fundador y desde 1963 está introducida en Roma la Causa de Beatificación de siete Religiosas martirizadas por la fe en la guerra civil española en 1936, pertenecientes a la diócesis de Vic y Barcelona.

En 1990, la Congregación cuenta con 1370 religiosas, 20 novicias y 17 postulantes distribuidas en 150 casas, situadas en 20 países de cuatro continentes: Europa (España, Francia, Italia, Portugal, Suiza). América (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, México, Brasil, Paraguay, Perú, Argentina, Chile y Uruguay). África (Benín, Costa de Marfil, Camerún, Rwanda). Asia (Filipinas).

La misión apostólica de la Congregación, de acuerdo al carisma del fundador, revisado a la luz de las directrices del Concilio Vaticano II, comprende:


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