La agresividad

 

El comportamiento que subyace a la agresividad es un comportamiento socialmente inaceptable, que implica la intención de hacer daño físico y / o moral a una persona u objeto. La agresividad aparece cuando una emoción negativa alcanza cierto grado de intensidad.

No debemos olvidar que, como animales que somos, nacemos con un determinado instinto agresivo. La agresividad ha sido biológicamente necesaria durante miles de años para sobrevivir. Del mismo modo, a lo largo de ciertas etapas evolutivas los niños, más que las niñas, suelen recurrir a la agresión física como medio para demostrar su valía. Esto sucede alrededor de los cuatro o cinco años. En este período los niños no son conscientes del daño real que están causando, sin embargo es preciso atender a este comportamiento. Sin mostrar ningún tipo de estado emocional, se debe reprender al niño, apartarle del grupo y pedirle que reflexione sobre cómo se ha debido sentir el otro niño.

Sin embargo, atendiendo tanto a los niveles aceptados socialmente como a la edad, debemos tratar esta conducta como se merece, ya que puede influir negativamente en la vida de nuestro hijo.

Según los estudios el 10% de los niños alcanza un nivel de agresividad superior al "permitido". No obstante, al hablar de agresividad es necesario incluirla en un contexto ya que existen ciertas culturas que toleran límites más altos de agresividad que otras.

Causas

A la hora de abordar la agresividad es importante conocer las causas que llevan a un niño a comportarse de esta manera.

  • La agresividad puede ser consecuencia de la observación directa de un modelo. Hoy en día, la gran mayoría de las películas muestran a sus héroes como hombres o mujeres violentas que adquieren poder y riqueza. Los niños transforman a estos personajes en sus mitos, aun sabiendo diferenciar entre la realidad y la ficción.

Si estos personajes influyen en el niño, ni que decir tiene la fuerza que adquiere un modelo emocionalmente unido al él, como sus progenitores, sus cuidadores, sus hermanos, sus compañeros, etc. Intenta educar a tu hijo de la mejor manera posible, ofreciéndole un ejemplo real pacífico, generoso y respetuoso hacia los demás.

  • La agresividad puede ser un rasgo de la personalidad del niño. Son niños que tratan de imponer a la fuerza sus deseos sin tener en cuenta los del otro. Dentro de este tipo de agresividad temperamental está la agresividad que aparece como una reacción ante una frustración o un complejo de inferioridad.

Esta reacción puede deberse tanto a una educación demasiado permisiva, como a una educación demasiado autoritaria en la que las cosas se imponen a la fuerza y la comunicación resulta inexistente produciendo en el niño una pérdida de la autoestima.

Si la conducta agresiva responde a un mecanismo de reacción es porque tu hijo alberga sentimientos que deberían cambiar. Valora tú como padre y enseña a tu hijo a valorar sus cualidades de modo que pueda superar las inevitables frustraciones que conlleva la vida sin necesidad de recurrir a la fuerza.

  • Existen algunas discapacidades psíquicas que implican cierto grado de agresividad. Ya que la mayoría de estos niños deben contar con el apoyo de diferentes profesionales, son ellos quienes deben dar a los padres las pautas a seguir en estos casos.

Cómo actuar ante la agresividad

A pesar de que la agresividad física sea más peligrosa y haya que mostrarle especial interés, la agresividad verbal suele ser la más frecuente.

Cuando los niños son pequeños y dicen alguna palabra mal sonante existe cierta tendencia a "reírles la gracia". Este lenguaje lejos de estar sancionándose se les está reforzando, propiciando así que vuelva a aparecer en un futuro. Sin duda, hay situaciones en las que el insulto de un niño puede hacer verdadero daño a otra persona y los padres caemos en el error de castigarle sólo en estas situaciones. Esto crea al niño incertidumbre, el mismo comportamiento se le refuerza y se le castiga. Si decidimos sancionar, debemos sancionar siempre. No olvidemos que este tipo de agresión verbal puede aislar a nuestro hijo al ser el lenguaje el método por excelencia de socialización.

En este sentido la educación debe ser constante. Debemos ofrecer a nuestro hijo un modelo de lenguaje correcto en el que se puede demostrar desacuerdo sin ofender. Cuando tu hijo diga alguna frase en la que falte el respeto a alguien intenta decir tú lo mismo utilizando las palabras adecuadas.

Si bien es cierto que las conductas agresivas que lleve a cabo tu hijo deben ser recriminadas, también lo es que el refuerzo constante de cualquier conducta no agresiva debe ser más frecuente. Debes prestar especial interés a los avances de tu hijo. Si ves que se está esforzando, que están aumentando sus conductas afectivas y respetuosas no te empeñes en recordarle su "reputación" si repite algún acto agresivo.

Cuando regañes a tu hijo céntrate en la conducta que está mal, no en él como persona. Un niño no es malo porque pegue a otro en un momento determinado, es el acto de pegar lo que está mal y esto es fundamental que le quede claro a tu hijo a la hora de recriminarle. De más está decir que el castigo físico no lleva a ninguna parte, estaríamos destruyendo la mejor arma de educación que tenemos, el ejemplo.

Prestar especial interés a la educación de valores como la libertad, la dignidad de todas las personas, la generosidad, el altruismo y la autonomía es la mejor fórmula para que tu hijo aprenda a respetar a quienes le rodean.

También podemos recurrir a la práctica de determinados deportes para encauzar adecuadamente la energía que le sobra a nuestro hijo. Los más utilizados para canalizarla son los deportes tipo karate, en los que además de aprovechar la energía correctamente se aprende a respetar tanto las reglas del juego como al adversario.

E. Santillana