Comportamiento y disciplina en la adolescencia

 

Sin duda, la adolescencia es el período más crítico en cuanto a comportamiento se refiere. Los padres solemos temer que llegue este momento de rebeldía, por eso es importante que las reglas estén fijadas seria y claramente. Sin embargo, no podemos olvidar que también es un momento crítico para ellos. Sabiendo lo que sienten y lo que piensan -con el fin de ponernos en su lugar- puede que nos sea más fácil entenderles.

La psicología del adolescente

Durante la adolescencia se producen cambios físicos que, irremediablemente, traen consigo consecuencias psicológicas. Para empezar, existe una clara relación entre como se ven ellos, el atractivo físico y la aceptación social que reciben. Es por lo que parecen estar obsesionados con la imagen, las marcas, la ropa, etc. Sus iguales adquieren una importancia tal que durante un largo periodo de tiempo serán quienes dicten las reglas, los valores y las conductas a mantener.

De la más efusiva alegría a la más profunda tristeza sólo hay un paso. El cual traspasan en segundos y sin saber por qué. Estas emociones suelen ser de gran intensidad. No le des demasiada importancia a frases como "te odio", "eres el/la peor padre/madre que existe", "ojalá me pudiera marchar de casa", etc.

Los adultos que rodean al adolescente son susceptibles de perder su prestigio -el cual han cosechado durante la niñez- si no son capaces de ganarse el respeto del éste mediante el ejemplo. Los adolescentes necesitan modelos con los que identificarse y suelen hacerlo con las estrellas de cine, la canción, el fútbol, etc. Sin embargo, practicando lo que predicamos podemos conseguir ser nosotros, los padres, ese modelo.

Hasta este momento un niño creía y la valía la palabra de sus padres, ahora se necesita algo más con lo que argumentar una regla. Ellos tienen su propio juicio y desde muy pequeños les estamos intentando enseñar a pensar con libertad sin dejarse influir por los demás. Es el momento perfecto para que lo lleven a cabo.

El adolescente exige y necesita que se le trate como a un adulto, ya que si percibe que se le trata como a un "niño" pueden desencadenarse conductas negativas. Sin embargo, muchas veces son los padres quienes exigen al adolescente que se comporte como un adulto, pero no son capaces de concederle los derechos y privilegios del adulto. Recuerda que en esta edad la necesidad de autoafirmarse se multiplica y para ello demandan nuestra ayuda.

A pesar de su espíritu rebelde ante todo aquello que refleje autoridad, los adolescentes necesitan las reglas de los adultos. Enseñar significa guiar. Pese a ello, no olvides que aquello que no conseguiste enderezar en etapas anteriores resulta mucho más difícil hacerlo ahora.

Procura tener siempre presente la siguiente consigna: " Valora lo que tu hijo adolescente hace, no le subrayes siempre lo negativo y el no pensará que no le entiendes. De este modo, llegará a la conclusión que tener ideas diferentes no significa no poder hablar".

Pero bueno, ¿me está provocando o qué?

No te tomes lo que parece una continua provocación como algo personal. No trates de imponerte con frases como: " porque lo digo yo", como hemos dicho antes necesitan un argumento más sólido. Intenta razonar con él, recuerda que dos no discuten si uno no quiere.

Si te paras a pensar probablemente la causa de la discusión no tenga demasiada importancia. Si os ponéis a chillar al final ninguno de los dos conseguirá dar el mensaje que quería. No entres en una lucha de poder con tu hijo. En una batalla ambas partes pierden y el diálogo entre vosotros podría deteriorarse. Tu hijo siempre pensará que tú tienes más poder que él -a pesar de que en algunas ocasiones sea falso- y creerá que no merece la pena exponerte sus argumentos.

De hecho, la mejor opción es ignorar las pataletas de tu hijo adolescente. Igual que ocurre en otras etapas, la mayoría de las veces son para llamar tu atención. Si dialogas a menudo con tu hijo conocerás sus necesidades e inquietudes y no necesitará del berrinche para hacerse notar.

Las salidas

Tu hijo adolescente tiene ante él un mundo que, sin duda, quiere y tiene la necesidad de conocer. Sin embargo, a pesar de que a veces sea bueno que sean ellos quienes tropiecen con la piedra, tu función como padre es advertirle de los peligros. No caigas en el error de la excesiva permisividad para que se sientan libres. Resulta tan perjudicial como una excesiva autoridad que no les permita desarrollarse y tomar sus propias decisiones.

Los padres solemos tener un sexto sentido para averiguar cuándo nuestros hijos nos están mintiendo respecto a donde van o con quien van. Cuando vuelvan de su salida pregúntale serio, pero cordial, donde ha estado e intenta que te cuente todo lo posible por si mismo evitando que parezca un interrogatorio policial. Si te ha mentido caerá en alguna contradicción que te pueda dar paso a preguntarle abiertamente si te está mintiendo. Si consigues que te diga que te ha mentido infórmale de por qué no te gustan esos sitios o esa gente. No lo hagas enfadado ni furioso. Si adoptas esta actitud puede ser la excusa perfecta para que nunca más vuelva a decirte la verdad cuando sepa que no te va a gustar. Aprovecha la oportunidad para hablarle de forma natural sobre los peligros de la droga, el alcohol, etc.

Si las amistades de tu hijo no son las que tú desearías en este caso es mejor no decírselo de manera sincera. Lo apropiado, si hemos fomentado el diálogo, es esperar a que sea él quien nos cuente algo negativo sobre su amigo. Esto puedes utilizarlo para hacerle ver "en directo" las consecuencias o peligros que puede traerle su compañía. Si su grupo de amigos son sus compañeros de clase cámbiale de colegio, alegando otra causa no relacionada con ellos para que no sienta que invades su territorio.

Negocia con él/ella

Los acuerdos no merman en ningún momento la calidad de una relación familiar, de hecho, pueden aumentarla considerablemente y dar estabilidad si tenemos en cuenta que es una manera de prevenir problemas.

En primer lugar debéis detectar la zona conflictiva y establecer hasta dónde sois capaces de ceder. El objetivo es llegar a un punto intermedio en el que ninguna de las dos partes pierda más de lo que está dispuesto a perder y la valiosa recompensa será no discutir.

El objetivo debe quedar bien claro para evitar confusiones. Por ejemplo, puede que para una madre tener limpia la casa no signifique lo mismo que para un adolescente, el cual puede conformarse con encontrar sus cosas. Debéis describir en una hoja qué significa para cada uno y qué estáis dispuestos a dar y a perder.

Del mismo modo, deben quedar claras las consecuencias del incumplimiento del contrato, igual que a partir de qué punto se considera que una de las partes está quebrantando el contrato. Por ejemplo, si el contrato dice que tu hijo debe estar en casa a las 22:00, ¿pensarías que llegar a las 22:15 es romper el acuerdo?.

Con el paso del tiempo procura revisar las normas. Se trata de establecer reglas que tengan en cuenta los nuevos intereses que puedan surgir. Su libertad e independencia debe crecer progresivamente. Pero recuérdale que depende de cómo te demuestre que acata las condiciones así le demostrarás tú que puedes confiar cada vez más en él. La consigna es: "si no cumples con tus obligaciones estás perdiendo tus derechos"

No olvides que en cuanto a las reglas, es mejor que haya pocas y que sean justas, a que le agobies con demasiadas y que no cumplan ninguna. Puede ser eficaz que le hagas partícipe a tu hijo de las normas que le vas a imponer, con el fin de que no las vea como una prohibición sino como una acción educativa. Una vez llegados a un acuerdo ponte firme a la hora de cumplirlo -siempre y cuando el momento no requiera cierta flexibilidad- porque si no el adolescente creerá que puede hacer y deshacer a su antojo.

E. Santillana