Disciplina en la mesa

 

Todos sabemos que, entre otros, uno de los lugares más importantes donde se demuestra si una persona está bien o no educada es en la mesa. En torno a una necesidad vital giran reuniones familiares, laborales y sociales. Por ello, ya que hemos convertido la hora de la comida en una de las horas más importantes del día es esencial que enseñemos a nuestros hijos a comportarse correctamente en ella.

Una buena disciplina respecto al tema no sólo abarca la educación de los modales a la hora de la comida, como coger bien los cubiertos, como poner bien la mesa, saber lo que se permite o no hacer en ella, sino que engloba también la actitud que se debe tener frente a los alimentos.

¿Qué hacer cuando no quiere comer?

La mayoría de los padres hemos pasado alguna vez por este tipo de situación. Qué y cuánto se come se puede convertir en la excusa perfecta para transformar un momento hermoso de armonía y reunión familiar en un campo de batalla en el que se pone de manifiesto el poder de cada uno.

La hora de la comida, o más bien de la cena por cuestión de horario, es la hora idónea para tratar temas para los que no encontraríamos otro momento más adecuado y conseguir, por fin, ese diálogo tan buscado con los hijos contando cada uno las anécdotas del día. Si tuviéramos esto siempre presente lo que realmente se come pasaría a un segundo plano, fomentaríamos estos momentos y evitaríamos cualquier tipo de disputa en la mesa.

Si nuestro hijo se niega a comer, de nada sirve que los demás comensales ensalcen el sabor del alimento en cuestión o su valor nutritivo. Si lo que quiere nuestro hijo/a es llamar la atención lo estará consiguiendo al darle nosotros más importancia de la que merece. En estos momentos, la conversación nunca debe girar en torno a la comida. Es importante que intentemos crear un ambiente agradable a esta hora, con el fin fomentar el "deseo" de nuestros hijos porque llegue este momento.

La mayoría de los especialistas coinciden en la idea de que si el niño/a se niega en rotundo a comer no se le debe a obligar a ello. No es raro oír contar a un padre como dieron las cinco de la tarde y seguía sentado en la mesa junto a su hijo esperando a que este se comiera lo que tenía en el plato. Lo peor de esto es que finalmente suelen ceder los padres, se le permite levantarse y a la hora se accede a que el niño coma otra cosa, normalmente algo que le gusta con lo que encima el refuerzo es doble, para saciar su hambre. De esta manera, el niño aprende que con un poco que imite al Santo Job conseguirá lo que busca, no tiene más que esperar a ver como avanzan las agujas del reloj.

John Rosemond -prestigioso psicólogo familiar- aconseja, basándose en su experiencia personal, establecer una regla básica en estos casos. Dile a tu hijo/a que no podrá repetir de lo que le gusta ni comer postre mientras no termine lo que se le ha puesto en el plato. Sírvele raciones pequeñas y no le permitas pasar al segundo plato mientras no se haya terminado el primero. Si los demás comensales terminan y tu hijo/a continúa con el primer plato retíraselo sin discutir. Si pasado un tiempo se queja de hambre recuérdale la regla. Si las raciones son realmente pequeñas al principio tu hijo/a preferirá quedarse con hambre pero, con un poco de paciencia, conseguirás lo que buscas. No olvides que cualquier persona, incluso un niño, puede pasar varios días sin comer nada sólido sin suponer un problema para su salud.

Las verduras suelen ser el alimento por excelencia que los niños se niegan a comer. Una solución es enmascarar el aspecto de este tipo de alimento, aunque parezca una tontería muchas veces el sentido de la vista condiciona enormemente el sentido del gusto. Cuando un niño se niega a comer puede resultar también muy útil buscar fotos en las que se vea lo que comen los niños del tercer mundo e informarle sobre la situación de estos.

Intenta incluir en su dieta todo tipo de alimentos desde que son pequeños. A medida que aumenta la edad aumenta la probabilidad de que rechacen probar alimentos nuevos. El día que quieras incluir uno de ellos utiliza su apetito a tu favor. No permitas a tu hijo que coma nada antes de la comida, se sentará a la mesa con más hambre de lo habitual y aceptará probar lo que le has puesto, a pesar de ser un alimento nuevo para él.

Primer paso: poner la mesa

Antes de pasar al hecho de como se come, deberás enseñar a tus hijos a poner adecuadamente la mesa. A partir de los seis años un niño cuenta con las habilidades necesarias para hacerlo. Debe quedarle claro que una mesa debe estar siempre bien puesta. Las diferencias entre una mesa de diario y una mesa puesta para una celebración son mínimas, tipo el mantel que se pone, los adornos florales -que en el primer caso no suelen ponerse- y poco más. Para que tus hijos aprendan te proponemos que pegues en la cocina el dibujo que te presentamos, de modo que al principio puedan tener una referencia visual.

Los modales en la mesa

Lo primero es dejar patente la importancia que adquiere en este caso el ejemplo que le demos a nuestros hijos respecto a cómo hay que actuar en la mesa. Cualquier comportamiento que intentemos enseñar debe ser llevado a cabo por nosotros. A partir de los cuatro años se puede ir ya enseñando a un niño a comportarse en la mesa, a los 13 ó 14 años deben saber ya hacerlo correctamente y llevarlo a cabo.

Cuando los niños son pequeños y están aprendiendo no permitas que los demás comensales se rían de él si comete alguna falta, la mesa se convertirá para el pequeño en una fuente de castigo y perderá su interés por aprender.

Enseña a tus hijos a lavarse las manos antes de sentarse a la mesa para comer. Intenta convertirlo en una necesidad higiénica, como lavarse los dientes por la noche, con el fin de que se convierta en una rutina para ellos y no se les olvide.

Debe empezar a comer cuando estén servidos todos los comensales, no antes. Para reforzar este comportamiento puedes establecer la siguiente regla: "si empiezas a comer antes de que estén todos sentados y servidos se te dirá y esperarás diez minutos para continuar una vez hayamos empezado los demás".

Cuando los niños son pequeños puedes colocarles la servilleta a modo de babero, no obstante, a partir de los ocho años ya son capaces de mantenerla perfectamente sobre sus piernas. Ya que a los niños no les importa mostrar su cara llena de "churretes" propón a tu hijo, como si fuera un juego, que se fije en ti durante la comida y que cuando tu te limpies significará que él debe limpiarse. Recuerda que antes y después de beber uno debe limpiarse los labios.

Cuando esté la comida en el plato no le permitas a tu hijo que hagan ningún tipo de asco a ella, limítate a recordarles lo que comen los niños del tercer mundo y la regla de John Rosemond que comentábamos anteriormente. Si esto no funciona intenta que cocinen un día ellos para los demás, aunque sea que preparen un sanwich. Mientras os lo coméis pregúntale como se hubiera sentido si alguno de los comensales le hubiera hecho un asco a lo que él ha preparado con tanto cariño.

Respecto a la posición de nuestro cuerpo muéstrale, a la vez que tú lo haces, como son los cubiertos los que deben subirse hasta la boca mientras que la inclinación del cuerpo debe ser mínima.

Mientras tu hijo es pequeño puedes adecuar los cubiertos tanto en tamaño como en peso a su edad. Es lógico que al principio le cueste cogerlos adecuadamente pero lo conseguirá a medida que desarrolle la motricidad fina.

Tanto la cuchara como el tenedor nunca deben meterse enteros en la boca y, por supuesto, el cuchillo sirve única y exclusivamente para cortar, es el único cubierto que jamás debe llevarse a la boca. Cuando se trate de un plato que requiere la cuchara se debe coger lo justo, con el fin de que no derramar su contenido. Absolutamente prohibido queda sorber o hacer cualquier otro tipo de ruido con la comida. Cuando se trate de un alimento que pueda tener espinas o huesecillos enseña a tus hijos como deben dejarlo en la punta del tenedor y apartarlo en un lado del plato. Una vez hayan terminado, deberán dejar los cubiertos en paralelo dentro del plato marcando, como si de un reloj se tratase, las 6:30.

Hasta que no haya terminado todo el mundo nadie podrá levantarse de la mesa. Cuando los niños son pequeños no suelen a aguantar mucho tiempo sentados y se levantan entre plato y plato. Diles que una vez que se levanten ya no podrán volver a sentarse y, por tanto, no podrán comer los siguientes platos, incluido el postre.

E. Santillana