¿Cómo, cuándo y cuánto dinero hay que dar a los hijos?

1. Lo que cuesta un hijo

Todos estamos de acuerdo que tener un hijo implica tener gastos: alimentación, educación, vestido, etc. Sin embargo, una cosa es darle lo que necesita y otra, muy diferente, es "atiborrarle" de cosas innecesarias o concederle lo más caro, utilizando o aumentando este gasto para que el hijo sienta que se le quiere más. Unos padres quieren a su hijo porque es su hijo, al igual que un hijo debe querer a sus padres por ser sus padres, independientemente del dinero que éstos se gastan en él.

Muchas veces oímos a los padres decir "es que yo quiero lo mejor para mi hijo y quiero que tenga todo lo que yo no pude tener". No se trata de dar a los hijos lo que los padres no pudieron tener, sino darles lo que sus hijos deben tener. Se trata de enseñarles a ser felices con lo que tienen y no con lo que desean.

Evidentemente, la intención de los padres es, a primera vista, adecuada para sus hijos; es muy elogiable pretender que un hijo no carezca de lo que ha carecido el padre, muy loable es querer lo mejor para un hijo pero, ¿cueste lo que cueste?

Si nos paramos a reflexionar nos daremos cuenta de que dar a su hijo todo aquello que pide, incluso lo que no pide, no es bueno ni para su economía familiar ni para el desarrollo personal de su hijo, ya que le están educando para un mundo irreal en el que basta pedir las cosas para conseguirlas cuando, verdaderamente, vivimos en un mundo que no funciona así.

Si acostumbramos a un hijo a que puede conseguir cualquier cosa simplemente con pedirla, el dinero perderá su valor ya que la conducta de pedir no tiene, ni tendrá, ningún coste para el hijo. Con este tipo de educación de dar 'sin ton ni son', se fomenta una personalidad caprichosa y una baja tolerancia a la frustración, puesto que se encontrará con muchas negativas a lo largo de su vida.

Si se continúa en esta línea de educación, no será raro que el niño tienda a pedir cada vez más y más. No obstante, él no tiene la culpa, sino sus padres, ya que todos tendemos a repetir aquello que nos da resultado. Él, sencillamente, ha aprendido que para obtener lo que quiere hay que pedírselo a su padre o a su madre, le ha dado resultado durante mucho tiempo y lo sigue y seguirá haciendo hasta que no se le enseñe otra forma de actuación.

Todos vivimos en una sociedad consumista que nos bombardea con anuncios en la televisión, la prensa, la radio, las vallas publicitarias, etc. ¿Quiénes sino los padres son los responsables de educar a sus hijos para que esta falsa realidad publicitaria no les afecte?

No existe una línea base que delimite cuánto dinero se pueden gastar unos padres en un hijo sin causarle problemas a su personalidad. La frontera es, indudablemente, personal y depende del nivel tanto económico como social del que se rodee el niño.

2. La paga:

Si el salario es el dinero que recibe una persona por un trabajo, ¿deberíamos utilizar este vocablo para referirnos al dinero que le damos a nuestros hijos o les puede crear confusiones? En efecto, a los hijos hay que explicarle que la paga que se le da, no es una forma de pagarle su buena conducta, ni la ayuda que puede y debe ofrecer en casa, ni por estudiar, etc.

Es importante que aprendan que obedecer y acatar las normas establecidas en casa es una obligación que deben cumplir y no algo que deben ejecutar única y exclusivamente si se les paga. Por ello, no se debe utilizar la paga para controlar la conducta de un hijo, aunque sí excepcionalmente, se le puede ofrecer un dinero extra por la realización de alguna tarea que se salga de lo habitual.

Podemos enseñar a un hijo a administrarse correctamente de muchas maneras sin utilizar una paga, si el niño aún no tiene edad para recibirla. Una de ellas, es que acompañe a la compra a la persona que normalmente la hace, e ir comentando los precios, mirar varios artículos y finalmente que él decida cuál es más oportuno llevarse.

Sin duda, la mejor forma de aprender el valor del dinero es ganarlo trabajando uno mismo. Por supuesto, no podemos contar con esta variable hasta determinada edad, pero cuando nuestro hijo tenga la edad y capacidad conveniente, puede ser de gran utilidad que busque un trabajo de media jornada durante el verano, con el fin de ser medianamente solvente durante el período vacacional.

El dinero que se le da a un hijo debe estar en función de su edad, las actividades que realiza, el nivel socioeconómico tanto de él como de sus iguales, etc. Darle demasiado dinero puede crearle interrogantes sobre cómo y dónde gastarlo, pudiendo incluso llegar a ser peligroso. Darle poco con respecto a sus amigos, puede crearle sentimientos de inferioridad a ciertas edades, por lo que habrá que explicarle que el valor de una persona no se mide por la cantidad de dinero que lleva en su bolsillo.

¿Qué es mejor, darle dinero cuando lo necesite o darle una paga fija? Si le damos dinero a un hijo cuando lo pide, debe justificar para qué lo quiere. Sin embargo, sí es conveniente que llegado a una edad en la que posea cierta independencia, nuestro hijo disponga de una cantidad fija. Esta asignación puede comenzar siendo semanal con el fin de que aprenda a administrar el dinero en un espacio de tiempo no demasiado largo. A medida que crezca se puede ir alargando este período hasta llegar a ser mensual, para que aprenda a administrarse a largo plazo.

La cantidad debe ser fija para que aprenda a establecer los límites, aunque si bien es cierto que existen épocas del año en las que debido o bien a la cantidad de tiempo libre que se tiene -como en verano- o bien a determinados gastos extras -como los que se tienen en Navidad- se consume más de lo habitual. Si se considerara conveniente la paga puede aumentarse, sin llegar a ser este aumento excesivo para no trastornar la línea divisoria que nuestro propio hijo se había establecido.

E. Santillana